jueves, 30 de julio de 2009

Mi canción del verano

...Y apredí y a vivir sin tí, y has vuelto ya, vienes de Orión, y llego yo y ahí estás tú con esa cara de tristón, debí cambiar ese candao, la llave te debí quitar, de saber que las pelotas, me vendrías a tocar... Marchate ya, vete de aquí...
-Frank, en Men In Black 2.

miércoles, 15 de julio de 2009

Viaje por Escocia (3ª parte y casi acabando)

Después de desayunar en el hotel King's Arms de Thurso, dejamos las habitaciones y cargamos las maletas en el coche. Ya no teníamos mucha esperanza de poder ir a las islas Orcadas, pero lo teníamos que intentar, así que nos fuimos directos hasta Jhon O'Groats. El Ferry se había ido ya cuando llegamos. Por poco tiempo, pero ya se había ido. Hacía mucho viento aquella mañana en este punto de las islas británicas, en las que había un cartel de esos que indican la distancia hasta los puntos más emblemáticos del globo. Nos echamos las consabidas fotos, y después de la visita a la tienda de reagalos, proseguimos el viaje. El plan era bordear la costa este de Escocia, bajando en dirección a Inverness, pero había que llegar hasta la isla de Skye, por lo que no nos podríamos entretener mucho por el camino, si no queríamos llegar tarde, claro.

La primera parada que hicimos fue para ver unos acantilados. El suelo estaba muy húmedo y resbaladizo, y a punto estuvimos de pillar una liebre más de uno. Siguiendo el camino, llegamos hasta Whaligoe Steps, que son unas escaleras excavadas en la piedra, que bajan hasta un embarcadero antaño utilizado por los contrabandistas. La subida fue lo peor. Si no tuvimos bastante unos días antes con las escaleras de las cataratas de Foyers, con estas escaleras acabamos "reventáos". No había muchas más cosas por ver en el camino que estábamos siguiendo, pero siguiendo las indicaciones de la guía que llevaba Inma, nos desviamos por una carretera para ver unas ruinas prehistóricas. Después de un rato, llegamos a un sitio que parecía un jardín, muy descuidado, en la que había piedras de forma regular. Era un antiguo emplazamiento funerario. Aquí fue donde vimos un perro pastor manejando un rebaño de ovejas. Daba gusto verlo. El dueño en el pick-up, y el perro agrupando las ovejas en medio de la pradera.

Proseguimos el viaje, bajando hacia el sur, y ahora la carretera discurría muy cerca de la orilla del mar. Se podían ver incluso focas (no humanas) cerca de la orilla, aunque no se veían bañistas en las playas. Iba conduciendo yo, pero en algunos momentos me imaginaba viviendo en aquellos parajes. Sería un buen sitio para comenzar de nuevo, si tuviera que hacerlo alguna vez. Después de un buen rato, llegamos hasta Brora, y paramos a comer. Al lado del puente sobre el rio, nos metimos en un "Bistrot". Yo me pedí un "Fish and Chips". No estaba mal del todo. Después de comer y descansar un rato, seguimos hasta el castillo de Dunrobin. Había que pagar y no nos apetecía ver castillos pagando ese día, ya que según la guía lo bonito de ese castillo eran los jardines tan cuidados que tiene, así que nos hicimos el longui, y simplemente nos fuimos dando una vuelta por los alrededores, y llegamos sin querer hasta la orilla del mar. Después de esta parada, y viendo que todavía faltaba un buen trecho hasta llegar a Skye, seguimos la marcha sin detenernos en ningún sitio. Fuimos por una carretera llena de passing places, hasta llegar a Strathcarron Railway Station, en Loch Carro. Nos tomamos un té y unas cervezas, en esta estación de tren tan pintoresca, y seguimos camino hasta el castillo de Eilean Donan Castle (el de la película de Los Inmortales, para entendernos). Ya estaba cerrado cuando llegamos, y solamente cruzamos el puente que sale en la película en la que el actor escocés Sean Connery también actúa, y ver el castillo por fuera. Las vistas eran espectaculares. De lo más bonito que vi en Escocia. Cuando ya estaba anocheciendo, llegamos hasta Kileakyn, cruzando el puente de la isla de Skye. Nos quedamos sin cenar, ya que llegamos tarde a la hora en la que la cocina estaba abierta. En un albergue cercano nos dieron dos platos que tenían hechos y que al final los que lo habían pedido se fueron antes de que se lo sirvieran. Un plato de macarrones con queso y una hamburguesa, a compartir entre cuatro. El sitio estaba bastante animado, ya que tenía pinta de albergue juvenil. Lo mejor, las vistas que había desde la habitación y la bañera que había en el hotel, que estaba muy bien, la verdad. Eso sí, la risa cuando me tuve que bañar era también de mirárselo. Creo que la última vez que me bañé de esa manera estaba mi madre conmigo. Para que nos entendamos: no había ducha, solamente bañera. Aún me rio cuando me acuerdo...

A la mañana siguiente, había un montón de españoles en el hotel, porque menudo escándalo que había en el comedor. Tuvimos que pedir el desayuno. Yo me tomé unos huevos y beicon, y unas tostadas. Ese día conducía Ángel. El plan era dar la vuelta a la isla de Skye. Subimos por el lado este, hasta Kilt Rock. Fotos en la cascada. Después seguimos camino hasta el museo cultural de la isla de Skye. Me gustó bastante, ya que se puede apreciar cómo se vivía en la isla, cuando era un lugar más habitado. Tienen objetos personales de las familias que habitaban allí, así como utensilios y aperos de labranza. Muy recomendable. También fuimos a la tumba de Flora MacDonald, que fue un personaje histórico que ayudó a uno de los bandos en una de las innumerables contiendas que ha habido en aquellas tierras. Paramos en un pueblo y compramos algo para comer en el camino. Yo me apliqué una StrongBow, y un par de sandwiches. No fuimos al Dunvegean Castle, pero recorrimos bastantes millas, por carreteras bastante chungas, hasta llegar a un pueblo llamado Elgol, que permitía admirar unas vistas magníficas de algunos picos de Escocia (el Black Cuillin). Estaba nublado, así que no vimos gran cosa, aunque tampoco estaba mal del todo. Después volvimos hasta Armadale, a coger el Ferry hasta Mallaig. Es un viaje de unos 40 minutos. Las vistas son muy bonitas. Dejamos la isla de Skye, con la promesa, al menos por mi parte, de volver algún día, a disfrutar del sol de medianoche.

Llegamos hasta Fort William, y cenamos en un restaurante italiano. Yo me pedí la pizza especial de la casa, que por cierto picaba bastante. Estaban ensayando las bandas militares, y se oía la música de los gaiteros. Ya había anochecido, y todavía no habíamos llegado al hotel, así que después de cenar, seguimos camino hasta Inchree, donde dormiríamos esa noche. Nos costó, a pesar del GPS, encontrar el sitio, pero después de algunos minutos llegamos por fin al B&B. Salimos a tomar un refrigerio en el bar del hotel, que por cierto era una especie de albergue de montañeros, ya que había hasta una estancia en el hotel para secar la ropa. Después de terminarnos las pintas, volvimos al hotel. Era ya bastante tarde, así que después de la ducha, nos fuimos a dormir. Al día siguiente llegaríamos por fin a Edimburgo, pero eso sería al día siguiente...