martes, 30 de junio de 2009

Escocia - 2ª parte

El B&B de Inverness, era más bien un hostal de carretera, pero eso sí, con cortinas muy cuquis y lámparas de mesita, y por supuesto moqueta sobre el suelo de madera. Bajamos a desayunar, y primera novedad, el desayuno no era como en casi todos los sitios, en los que uno mismo se sirve lo que quiere. En este establecimiento, la costumbre era pedir el desayuno, te lo preparaban y te lo servían en la mesa. Primero, por supuesto, te decían que si querías tostadas y café. El primer día, nos pedimos un "Full Breakfast" que llevaba lo típico: Morcilla inglesa, las habichuelillas estofadas, el tomate asado, el beicon y por supuesto el huevo revuelto. Ahí es nada. Alguno no se lo pudo acabar. A Angel no le gustó el café, como siempre, y a mí, después de echarle media libra de azúcar, me lo pude beber. Después de terminar el desayuno, montamos en el coche y nos dispusimos a ir hasta el Lago Ness. Inverness es una ciudad que está justo donde termina el Lago Ness y continúa el rio Ness, y hasta esta ciudad, llegan dos carreteras que recorren por el lado este y oeste todo el perímetro del lago. Desde Inverness, cogimos la carretera que recorre el lago por el lado oeste. Esa mañana estaba lloviendo, aunque un poco más tarde paró de llover y se quedó como el típico día escocés, es decir, nublado a ratos y con el sol asomándose de vez en cuando por entre las nubes.

Ese día, le tocaba conducir a Angel. Fuimos bordeando el lago Ness, viendo el famoso lago desde el coche, ya que la carretera discurre pegada a la orilla del lago. Algunas vistas son muy buenas, aunque mejor ir parando si se tiene tiempo para ver mejor el entorno. Desde la carretera hay muchos árboles que dificultan la visión constantemente. Al cabo de un rato llegamos hasta Drumnadotrich, donde está el centro de visitas del Lago Ness. Aquí nos hicimos la típica foto con una estatua que rememora el famoso monstruo, y contratamos un paseo por el lago. Al rato llegó la furgoneta que nos llevaría hasta el embarcadero. Tuvimos suerte, y en ese viaje solamente fuimos nosotros (y el que conducía el barco). No es muy caro (unas 10 libras por persona) y aparte de que te da el fresco (dependiendo del día hay que taparse bien las orejas) y que vas en un barco dando un paseo por el lago más nombrado del mundo, tienes las mejores vistas para hacer la foto al castillo de Urqhart, porque luego lo visitas y mejor te quedas con la vista exterior, porque por dentro no tiene gran cosa. Quizás la catapulta de la entrada.


El paseo dura más o menos unos 50 minutos, y te llevan de vuelta al "Visitor's Centre" del lago Ness. Desde aquí, después de la consabida visita a la tienda de regalos, nos fuimos hasta el castillo de Urqhart, y entramos a verlo. Lo teníamos incluido en el Explorer Pass que compramos el primer día en Stirling, así que entramos, porque si hubiéramos tenido que pagar, lo más seguro que hubiéramos pasado de largo. Había bastante gente en este castillo, y encima llovía a ratos, por lo que la gente se refugiaba donde podía. Estuvimos un rato dando vueltas por allí, viendo las vistas de las que disfrutaban los antiguos moradores de lo que ahora eran unas ruinas. Con encanto, sí, pero unas ruinas. El tiempo lo cura todo, pero no será a los castillos en Escocia.

Después de la visita, compramos algunos recuerdos en la tienda y salimos atacando, siguiendo la misma carretera, hasta llegar a Fort Augustus. Aquí paramos a comer, en un restaurante que estaba al lado justo del puente móvil que corta la carretera cuando tiene que pasar algún barco a través del Caledonian Canal. Comimos bastante bien. Un pedazo de trozo de carne vacuna a la parrilla que nos quedamos espatarrados. Después de comer, que por cierto llegamos justo dos minutos antes de que ya no admitieran más comensales, estuvimos un rato viendo cómo funcionaba el canal. Vimos subir algunas embarcaciones de recreo y también bajar alguna. La gente sentía también bastante curiosidad, porque os puedo asegurar que había aquí más gente que en el castillo de UrqHart esa misma mañana, además de un montón de autobuses por todos lados. Seguro que el pueblo de Fort Augustus está en más de una ruta turística. Nosotros llegamos aquí casi por casualidad, y simplemente paramos a comer porque era ya la hora.

Al rato, proseguimos el viaje de vuelta a Inverness, por la carretera del lado este. Paramos algunas veces a hacer las consabidas fotos, y nos dimos cuenta de que en las alturas, si no vas con la ropa adecuada, aun en un día aparentemente veraniego, puede llegar a hacer bastante fresquito. Yo no me había traído apenas nada de ropa de abrigo, por lo que tendría que comprarme alguna prenda de abrigo. Llegamos a una cataratas llamadas "The Falls of Foyers" (venga, a hacer la rima fácil) que mereció la pena por la vista tan bonita y el chorrón de agua que caía (un poco enrrobiná el agua) pero la virgen santa y el Santo Cristo del sahúco juntos de parranda que inflá a subir escaleras desde el mirador de las cataratas hasta donde habíamos dejado aparcado el coche.

Al llegar a Inverness, después de comprobar que en el reino unido se toman muy en serio lo de cerrar a las 5 y media de la tarde (no había abierto nada más que las tiendas de souvenirs y algún supermercado a las 7 de la tarde) nos dimos una vuelta por el "castillo" de Inverness, que es bastante curioso de visitar, al menos por su exterior, con unos jardines muy bonitos, y un reloj en una de las laderas que está sobre el mismo suelo. Aquí se pueden ver unas vistas muy bonitas del rio Ness, y de toda la ciudad. Esa noche hicimos picnic en la habitación del hotel. Compramos jamón de york, pan de molde y otras cuantas cosas y en la habitación de Inma y Jose nos aplicamos unos cuantos sandwiches. Al volver del supermercado, notamos como olía un poco a quemado en el coche, pero era que se había calentado un poco la caja de cambios. No le dimos más importancia, y nos fuimos a la cama, que al día siguiente había que salir atacando hasta Thurso, bordeando la parte más noroeste de Escocia.

Al día siguiente, el desayuno que me tomé fueron unos "eggs and bacon", que me parecieron de mejor pelaje que lo del día anterior. Un par de huevos fritos y unas lonchas de beicon. La felicidad estomacal instantánea. Ese día le tocaba conducir a Inma, pero antes de partir hacia Ullapool, que era la primera parada, pasamos por un centro comercial de Inverness y me compré una chaqueta de esas polares, y bien que me alegro de la compra que hice, ya que en los días sucesivos me vino muy bien en muchas ocasiones. En Ullapoll, antes de llegar al pueblo, hay un puente en el que se puede apreciar el puerto y la bahía de este pueblo pesquero. Nos echamos las consabidas fotos, y ni siquiera paramos en el pueblo. Seguimos viaje hasta Kylesku, que fue donde comimos. El sitio era anteriormente un sitio de paso hacia la parte del norte, pero ahora han hecho un puente que continúa la carretera, pero en el restaurante que hay allí, por cierto, recomendable al 100%, tiene bastantes fotos en sus paredes con escenas de los años en los que era un sitio más concurrido. Me comí un plato de pasta con una salsa marinera con mejillones que estaba de vicio. También nos pedimos unos cuantos langostinos a la plancha. Estaba todo buenísimo. En este restaurante descubrimos una nueva forma de pedir en Escocia. Primero ibas a la barra, pedías y después te lo servían en la mesa: "Place order in the bar". Aquí Inma protagonizó otro momento traducción, cuando un coche se paró a su lado cuando nos dirigíamos al restaurante, y le preguntaron en inglés unos españoles. Después de comer, y de admirar las vistas que desde aquí se podían ver, seguimos camino. Parábamos cada poco tiempo, porque aunque no estaba soleado, las vistas eran espléndidas. A mí personalmente me sobrecogía la fuerza del paisaje. Verde hasta las cimas de la montañas, como si hubieran sembrado césped hasta en la misma cumbre. Llegamos hasta un pueblo llamado Durness, que curiosamente, tiene una playa bastante famosa, pero no paramos aquí. Donde sí que paramos fue en la Smoo Cave. Esta cueva, a la que se accede después de bajar unas cuantas escaleras, y que luego hay que subir otra vez, es bastante curiosa de ver. Dentro de la cueva, hay un rio subterráneo, pero no estaba muy iluminado y no se veía bien. Fresco se estaba un rato. Al salir, y empezar a subir las escaleras, nos dimos cuenta que en la falda de la ladera de enfrente la gente se había entretenido poniendo su nombre con las piedras del lugar, y en esto que vemos a un gachó que estaba subiendo no por las escaleras que había en ese lado, sino escalando en plan cabra montesa por entre las piedras de los nombres. Con las cámaras en la mano a punto de disparar, y esperando que de un momento a otro se esmorrara contra las piedras, no pudimos más que estallar en júbilo cuando por fin llegó a la cima de la ladera, y exclamamos un ¡Macho ahí! que provocó que se diera cuenta de nuestra presencia. Curiosamente, había una pareja de españoles también con nosotros esperando a ver si también se caía. Al final no pudo ser y no nos pudimos presentar a los videos de primera.

Después de esta parada, y como ya se estaba haciendo tarde, proseguimos viaje hasta Thurso, bordeando los lagos y la costa norte de Escocia. Parecía que estaba más cerca en el mapa, pero llegamos ya de noche a este pueblo, que cogimos así a ojo para al día siguiente ir hacia las islas Orcadas, pero cuál fue nuestra sorpresa cuando, después de llegar al hotel y hablar con la recepcionista, que por cierto fue muy amable pero que nos tuvimos que apañar en inglés para hacernos entender, llegar a la conclusión de que tendríamos que haber reservado 2 noches de hotel en Thurso para haber podido ir a las Orcadas. También tuvimos que cambiar de double a twins como en Dundee, faltaría más.

Como ya era muy tarde, salimos a ver si había algo abierto para cenar, y nos metimos en una hamburguesería. Nos pillamos una hamburguesas, patatas y refrescos y después de dar una vuelta (no había mucha gente por la noche allí) nos fuimos a dormir, ya que prácticamente habíamos estado en el coche todo el día y la verdad, estábamos bastante cansados. Así que nos dimos un agua y a la cama. Al día siguiente me tocaba conducir a mí, y el plan era irse lo más temprano posible para ver si podíamos coger el Ferry que salía de Jhon O'groats, que está en la punta este del norte de Escocia. Pero eso sería al día siguiente.

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