La ciudad más populosa de Europa me ha sorprendido gratamente en el viaje que este año he realizado por la capital del Reino Unido. Han sido 8 días muy intensos, en compañía de unos amigos, en los que si bien no se ha hecho todo lo que se podía hacer, más que nada debido a la falta de tiempo, y aunque al final del viaje estábamos un poco cansados, ninguno de nosotros nos queríamos volver, muy gustosamente nos habríamos quedado otro par de semanas más, así en el mismo plan.
Como el viaje era en plan conocer la ciudad y disfrutar de sus muchas facetas, el hotel no lo cogimos muy céntrico, pero para el tiempo que estuvimos en el hotel, con que estuviera limpio y se pudiera descansar, era más que suficiente. La verdad es que era un poco rollo estar en el metro casi media hora para llegar al centro, y otra media hora casi para volver, dependiendo de los transbordos que se tuvieran que hacer, pero gracias a las tarjetas TravelCard, la verdad es que es la forma más barata, rápida y sencilla de moverse por la ciudad, sobre todo si es la primera vez que vas. Me apunto para la próxima aprenderme alguna ruta de autobuses.
Aparte de los ya consabidos topicazos de los británicos, el tiempo nos acompañó estos días, lloviendo cuatro gotas una mañana y una tormenta por la tarde el día que estuvimos en Covent Garden. En algunos momentos del día parecía que se iba a poner a diluviar, e incluso otros hacía más calor del que yo personalmente esperaba, pero en general no me puedo quejar del tiempo que nos ha hecho.
Day One: El día de la salida fue un poco raro. Cuando llegó la hora de salir, no había pegado ojo en todo el día. Ni siquiera me pude echar la siesta veraniega. El calor ese día apretó como los demás, pero entre hacer la maleta, preparar los cacharros, etc., se me pasó el día y cuando dije de acostarme para descansar un rato, era casi la hora de levantarme para ponernos en camino. Curiosamente, al resto de integrantes del grupo le había pasado en mayor o menor medida lo mismo, por lo que salimos hacia Alicante alrededor de las 4 de la mañana del día 1 de Agosto de 2009, con la excitación de emprender un nuevo viaje hacia una ciudad en la que ninguno de nosotros había estado antes, pero sin haber descansado lo suficiente. Llegamos a Alicante, dejamos los coches en el aparcamiento del aeropuerto, facturamos las maletas y nos dispusimos a desayunar antes de pasar los controles de seguridad. Cuando ya estábamos en la cola para embarcar, Nieves se percató que no tenía el billete. En algún momento, a la hora de pasar los controles de seguridad, se había quedado en algún sitio el papelito. Efectivamente, así fue. Menos mal que lo pudieron recuperar, porque yo ya me veía viendo cómo despegaba el avión y nosotros en tierra. No íbamos a dejar a Nieves sola en Alicante. Al final estaba en un rodillo de la cinta transportadora por la que pasan los equipajes de mano.
El vuelo se nos hizo corto. Pasamos 2 horas y pico de cháchara, mirando por la ventana lo que se podía, y llegando a las islas británicas, pudimos apreciar el cambio en el paisaje que se hacía más evidente conforme el avión iba descendiendo. Del árido paisaje del sureste español, pasamos al verde de la campiña inglesa. Aterrizamos en Gatwick, pasamos los controles de aduana y estuvimos esperando bastante tiempo a que salieran nuestras maletas. Cuando las recogimos, fuimos a la terminal donde se encuentra el tren que nos llevaría a Londres desde Gatwick. Aquí compramos los billetes de tren (ida y vuelta, que salía más barato) y nos acogimos a la oferta del "4 for 2", es decir, pagamos dos billetes y viajan 4 personas. Como éramos 5, tuvimos que sacar otro billete de ida y vuelta más. También compramos las TravelCards para el transporte público de Londres. Antes de subirnos al tren, nos tomamos un refrigerio en el aeropuerto. Menos mal, porque el rato que vino después, fue bastante "extreme".
El viaje en tren desde Gatwick a la estación Victoria de Londres se hace en unos 30 minutos. No hay paradas, y el tren llega a los andenes 13 ó 14 de la estación. El plan era bastante sencillo: Con las travelCards, entrar en el metro y llegar hasta la estación de WestMinster, coger la línea Jubilee, y bajar en la estación de Canning Town. El hotel estaba a 300 metros de la estación. Aunque fuéramos con equipaje, solamente había que hacer un transbordo, y según había leído en algún foro de viajes, no había muchos problemas para moverse con equipaje por las distintas estaciones de metro.
Desde la estación Victoria, buscamos la entrada a la línea verde del metro. Primera sorpresa. Era Sábado, y la hora más o menos mediodía, y en la estación había una cantidad de gente bastante considerable. Vamos, que no estábamos solos, por lo que andar hacia las puertas automáticas donde se entraba a los andenes de las líneas de metro ya costaba un rato si no ibas cargado, así que imaginad lo que suponía con dos maletas como iba yo. Encima el idioma. Todo el año escuchando conversaciones y leyendo tochos en inglés, para llegar allí y no tener ni pajolera idea de cómo funciona el metro. Así que tuve que agudizar el ingenio, y saqué el plano del metro que previamente me imprimí en España. (Inside Jose's head) "A ver, estamos aquí y tenemos que ir hasta allí. Vale. Pero resulta que el tren este que viene por aquí va hasta WhiteChapel, y el final de la línea es la estación de Upmister, ¿Qué es lo que dice el colega por el altavoz?. Me parece que la línea está cortada en WhiteChapel. Uy, uy, uy..." Nos subimos en el metro, y nos bajamos en Westminster. Nos disponíamos a buscar la línea Jubilee, cuando nos dimos cuenta, de golpe y porrazo, que una cosa es la teoría, y otra muy distinta la práctica. La línea Jubilee, los fines de semana, está cerrada, por lo que lo que en principio iba a ser un solo transbordo, pasó a ser un "a ver cómo llegamos hasta la estación de Canning Town" Aprendimos a lo bestia, que en Londres existe un tren, similar al metro, pero que va por encima de la superficie y que no lleva conductor (es automático) llamado DLR (son las iniciales de "Docklands Light Railway" Esta línea llegaba también hasta la estación de Canning Town, por lo que deberíamos llegar a una estación donde tuviéramos enlace con esa línea. La estación en la que nos bajamos, Monument, tiene un enlace a la línea del DLR, pero hay que caminar un rato hasta llegar a la terminal. A estas alturas ya estábamos un poco cansados de subir y bajar escaleras con las maletas.
Cuando llegamos a la estación de Canning Town, después de equivocarnos de tren una vez más, que en vez de coger el que iba a Beckton ó Woolwich Arsenal, que son los dos que pasan por la estación de Canning Town, tomamos el que va hacia Lewisham. Tuvimos que bajar en la estación de West India Quay, y volver hacia Poplar, para tomar por fin el tren que nos llevaría a nuestro destino. Llegamos al hotel, cogimos las habitaciones y dejamos las maletas. Ni que decir tiene que estábamos ya hasta las narices de arrastrar las maletas por todas las estaciones y transbordos por los que habíamos pasado. Desde que habíamos llegado a la estación Victoria, hasta que por fin llegamos al hotel, habían pasado un par de horas, y era ya la hora de comer. Bajamos a buscar un sitio donde comer, pero en la zona del hotel no había ningún restaurante abierto a esas horas, por lo que al final, entramos en una tienda de la estación de metro, y compramos unos cuantos bocadillos preparados y unos refrescos y patatas fritas, y nos fuimos a nuestra habitación a dar buena cuenta de ellos. Después de comer, empezamos a caer en la cuenta de que estábamos bastante cansados. Las chicas se retiraron a sus aposentos, a echarse la siesta, y Ángel y yo nos quedamos en la nuestra. Ángel se quedó durmiendo enseguida. Yo me tumbé en la cama, y empecé a ver las rutas que podríamos hacer. Habíamos quedado en que más tarde decidiríamos lo que haríamos a continuación, pero que primero la gente quería descansar. Al rato de estar mirando los distintos planos y guías que teníamos, sentí que se me cerraban los párpados. Caray, que cansado estaba. Casi enseguida me quedé dormido. Una hora solamente. Me desperté y Ángel seguía durmiendo. El viaje de vuelta con las maletas lo haríamos en Taxi.
Todavía pasaría un buen rato hasta que la gente se empezó a remover, por lo que me entretuve viendo anochecer desde la ventana de la habitación. Después del ajetreo de todo el día, caí en la cuenta de que estábamos en Londres. El murmullo de la ciudad se hizo cada vez más perceptible conforme se ponía el Sol en el horizonte. El atardecer dibujó el cielo de un color anaranjado. No era un atardecer en la playa, pero me sentía bien.
Alrededor de las 8 y media salimos a cenar al restaurante italiano que teníamos a 50 metros del hotel. Después de pedir el consabido "Table for 5, please", nos pusieron en la parte de arriba del restaurante. Había mucha gente cenando, y también bastante jaleo. Para redondear la faena, saltó la alarma y estuvo sonando bastante tiempo hasta que la desconectaron. También hacía bastante frío (si tienen aire acondicionado, se pasan un poco) y le pedimos al camarero que lo quitara un poco. Nos hicieron caso, aunque al rato lo volvieron a poner. Cenamos muy bien. Los platos eran muy abundantes, e incluso alguien no se pudo terminar el plato... Yo me pedí un pollo a la cacciatora, y un par de pintas de cerveza (las primeras) El camarero también era inmigrante. Cruzamos algunas palabras gracias al fútbol español y a sus últimos éxitos con la selección. Al terminar de cenar (Nieves se fue antes), pagamos y nos volvimos al hotel. Decidimos que al día siguiente, después de desayunar, iríamos al museo británico, lo primero de todo, y después ya veríamos lo que se hacía. Quedamos para bajar a desayunar a las 8 de la mañana, y nos fuimos a dormir.
Day 2: El despertador sonó a las siete y media de la mañana. Se veía un día espléndido, y realmente había dormido bien, sin pasar calor. Bajamos a desayunar y aprendimos varias cosas del buffet del desayuno continental que tenía el hotel. No había leche caliente, pero en general no estaba mal, quizás faltaba algo de embutido y no había mucha variedad de zumos (manzana, tropical y naranja), pero había varias clases de pan para hacer tostadas, yogures y cereales.
Después de desayunar, nos dispusimos a comenzar, esta vez de verdad, nuestro viaje por Londres. Lo primero que hicimos fue ir hacia la estación del metro, claro. Como estuve mirando el plano la tarde y noche anterior, y la línea Jubilee tenía servicio ese Domingo, pero no en toda la línea, tomamos el metro desde Canning Town hasta Stratford, y una vez allí, cogeríamos la línea roja (Central Line) hasta la estación de Holborn, y aquí la línea Piccadilly, una parada más hasta Russell Square. Salimos de la estación, y buscamos la dirección para llegar hasta el British Museum. Después de cruzar un parque y bordear por el lado este el recinto del museo, nos encontramos por fin con la entrada de este museo, que alberga una colección de esculturas, objetos antiguos, momias, y demás vestigios de la actividad humana de todos los continentes y de todas las épocas. Estuvimos prácticamente toda la mañana en el museo. Personalmente, lo que más me impresionó fueron los sarcófagos egipcios, las momias y la piedra de Rosetta. Por supuesto, las salas dedicadas a las esculturas de Asiria y Grecia también. Después de tomarnos un agua, decidimos salir del museo e ir caminando por las calles de Londres hasta Piccadilly Circus.
Nuestro primer paseo por las calles de Londres fue desde la puerta del British Museum hasta la plaza de Piccadilly Circus, pasando por las calles que limitan con China Town. Comimos en un MacDonald's que estaba a un paso de Piccadilly, y después de comer, la típica hamburguesa con patatas que sirven en este tipo de locales, llegamos hasta la famosa plaza. Los ingleses tienen un dicho, para definir cuando algo es caótico o ruidoso, que hace referencia a esta plaza: "It's like Piccadilly Circus" (Es como Piccadilly Circus). Sin duda aciertan de pleno. Es una pequeña plaza, que ni siquiera llega a ser tal, ya que solamente es una esquina donde está la fuente de Eros y la famosa entrada al metro de Piccadilly, pero claro, están los carteles luminosos, al uso de Times Square de New York, y eso quieras que no le da bastante colorido. También están aquí algunas de las atracciones más turísticas de Londres, pero en plan centro comercial a lo bestia, y no nos iba mucho ese rollo. Aquí nos echamos unas fotos, y en vez de descansar, seguimos por la calle Regent Street y Waterloo Place, y giramos hacia la izquierda, buscando la famosa Trafalgar Square. Pelillos a la mar, que diría Nelson. Sin rencores. Bueno, pues en esta plaza, esa tarde de Domingo, había mogollón de gente, ya que se estaba celebrando un concurso, de las Steel Bands. Son bandas que tocan los tambores metálicos, muy típicos en algunos países caribeños, y que Jean Michel Jarre popularizó a principios de los años 90 con aquel tema "Calypso" de su álbum "Waiting for Cousteau". Estuvimos un rato escuchando algunas de estas bandas. El plan era descansar un rato, pero con la musiquilla tan pegadiza que tocaban, a mí por lo menos se me iban los pies... En esta plaza está la National Gallery, pero ese día no se podía visitar (estaba cerrada) Volveríamos unos días más tarde.
Queríamos descansar un rato, ya que habíamos estado de pié casi todo el día, menos el rato de comer, y buscamos un sitio para tomar algo. Nos metimos en un Sports café. Después de unas cuantas pintas, volvimos hasta la calle que lleva hasta Buckingham Palace, y fuimos paseando hasta la verja del palacio. Vimos que el próximo cambio de la guardia sería el Lunes por la mañana, y que se hacía cada dos días. Otras cuantas fotos, y entramos en el parque St. James. Fuimos paseando por este parque, en dirección sureste, admirando las vistas que desde aquí se podían apreciar. También pudimos observar cómo las ardillas, patos, y demás fauna que puebla este parque están más que acostumbrados a la gente. No salen corriendo cuando ven a alguien, y mucho menos si les das algo de comer, aunque hay carteles indicando que no se alimente a los animales.
Ya estaba poniéndose el sol, pero aún nos dio tiempo de llegar hasta la esquina de Parlamient Street, y ver desde cerca el famoso Big Ben. Cruzamos el puente de WestMinster hasta la mitad, más o menos, y también vimos desde aquí la noria del London Eye. Como habíamos andado bastante, empezamos a buscar un sitio para cenar, así que después de andar otro rato, nos metimos en un restaurante italiano que estaba al lado de Trafalgar Square. Me pedí una pizza calzone de atún, y vaya sorpresa cuando apareció el camarero con un plato que apenas cabía en la mesa. Menos mal que era todo aire. Por cierto, había mogollón de españoles esa noche cenando allí con nosotros...
Como el domingo el metro lo cierran a las 11 de la noche, nada más terminar de cenar, buscamos una parada. Las obras del metro nos jugaron una mala pasada el primer día, y esa noche, con lo cansados que estábamos, tuvimos que volver hasta Piccadilly a coger el metro. Después de varios trasbordos, llegamos por fin al hotel. Estábamos literalmente "reventáos", así que después de un agua, a la cama. Ángel se durmió enseguida, y yo me entretuve de nuevo con la guía para ver lo que íbamos a hacer al día siguiente. Habíamos quedado en ir a la Torre de Londres, e intentar andar menos que el día anterior. Pero eso sería al día siguiente...

